20 de September del 2015

La caza de los últimos lobos de A Groba

Ya no se escucha aullar en la Serra da Groba en las noches de luna llena. Ese clamor, que durante siglos atemorizó a aldeas enteras, se silenció hace 40 años. La siempre tirante convivencia entre el hombre y el animal se zanjó en una brutal partida en la que el primero ganó la guerra al último depredador de Europa.

"Na Groba, desde mediados dos anos 70, xa non quedan lobos", lamenta Xilberte Manso, miembro del Instituto de Estudos Miñoranos (IEM). Este profesor de Secundaria ha documentado las últimas cacerías en la sierra a través de la memoria colectiva. En su indagación ha logrado localizar a varios de los participantes e incluso tres instantáneas de aquellas monterías.

"Os testemuños que temos recollido dannos conta de varias batidas, pero xa con escopetas, nos setenta. Os cazadores xuntábanse e facían algo semellante ao que se facía antigamente, só que en lugar de acurrar ao lobo nun foxo, dirixíano a un punto onde había distintos postos con tiradores esperando. Disparaban e mataban", relata. Los últimos casos que ha contrastado hablan de tres cacerías: una en Niño do Corvo, con un lobo que consiguió huir; otra en A Portela, donde una batida –al parecer autorizada por el entonces ICONA- acabó con la vida de una loba y sus crías; y otra ilegal en Baiona: "Uns cazadores que deron co lobo e foron a por el sen permiso. Matáronno, puxéronno enriba do capó dun Land Rover e baixárono pola aldea adiante para que todo o mundo o vira", relata Manso.

El animal abatido era un trofeo, símbolo de la victoria del hombre sobre la bestia. "O lobo era cazado e tratado como un fuxido capturado. Expoñíase nun lugar público onde a xente ía velo e deixaba donativos cos que axudarlle aos veciños que tiveran perdas", explica Xilberte en un artículo publicado el pasado julio en la web del IEM.

Una valiosísima prueba documental de estas prácticas son las tres imágenes que un particular donó a la asociación y que datan de finales de los 50 o principios de los 60. En ellas se retrata la humillación pública de un gran macho. "Estamos intentando localizar ás personas que aparecen na foto por familiares, porque algún dos que saen son persoeiros coñecidos. Un deles é Nolete, que foi alcalde de Baiona e futbolista do Celta", concreta. En esa breve secuencia se aprecia cómo los cazadores posan orgullosos con el cuerpo sin vida de un lobo al que someten a escarnio al alzarle una pata al estilo fascista.

Una trampa mortal "Os lobos matábanse cando había moitos estragos nos rebaños, que eran o sustento da xente. Pedíase entón que se fixera unha batida para acabar con eles", explica el colaborador del IEM. La caza del lobo era una práctica colectiva en la que se implicaban todas las aldeas afectadas. Hay datadas monterías desde la Edad Media, algunas dictadas por el propio rey y en épocas posteriores por la autoridad pertinente. Para abatir a un animal tan astuto y veloz era necesario acorralarlo, de manera que una vez sin escapatoria resultase una presa fácil. Con esta finalidad se levantaban "foxos de lobos", unas construcciones con largos muros de piedra que confluyen en un agujero en el que caía el animal. Los vecinos se organizaban para formar un gran cordón y dirigir al depredador hacia uno de esos hoyos y darle muerte. Así explica Xilberte Manso cómo funcionaban estas trampas mortales:

Los "foxos de lobos" salpican los montes gallegos, en mejor o peor estado de conservación. En la Serra da Groba se conservan los restos del que probablemente sea uno de los más antiguos de Galicia: "Hai documentos do século X que falan de fosas luparias nas terras de Oia. E en 1123, aproximadamente, hai un documento que fala dunha na Serra da Groba, que podería ser o foxo Pedriño", describe este amante de la historia. Estos datos revelan la importante presencia del cánido en la costa sur de Galicia desde hace un milenio y echan sal sobre la herida de su exterminio.

Un depredador acorralado

¿Cuál es la población actual de lobos en Galicia? No se sabe. Los únicos datos oficiales que maneja la Consellería de Medio Ambiente fueron tomados entre 1999 y 2003, es decir, hace más de una década. Estos determinaban la presencia estable de 60 manadas más la probable de otras 8, es decir, entre 420 y 625 ejemplares que se concentran principalmente en la Costa da Morte, la dorsal gallega, y las montañas orientales de Lugo y Ourense. Estos grupos supondrían el 20% de la población de lobo ibérico en la península. Sin embargo, esta cuantificación carecería de validez, tal como apunta el biólogo Martiño Nercellas, pues "o número de integrantes da manada é moi variable, suxeito a unha forte mortalidade dos adultos por atropelamentos, caza furtiva ou trampas, así como dos cachorros. O máis correcto é falar de grupos reprodutores e de poboación efectiva, que representa un 11% da total". No obstante, desde la Dirección Xeral de Conservación da Natureza puntualizan que pronto tendremos nuevos datos fruto de los censos que el Ministerio realiza desde 2012 obligado por la UE. El año pasado se realizaron estudios en A Coruña y Pontevedra, y este en Lugo y Ourense.

¿Es el lobo una especie en peligro de extinción? El reglamento de caza de Galicia establece que se trata de una especie cinegética, es decir, que se permite su captura como fórmula de gestión. El principal factor de la discordia son las batidas autorizadas cuando se producen daños en el ganado. Anualmente la consellería establece medidas de control poblacional de la especie fundamentalmente motivadas por la presión de los afectados por la acción del depredador. "Sempre que se manteña un equilibrio, a xestión da especie en Galicia non supón unha ameaza para a súa conservación", exponen desde el departamento autonómico.

Sin embargo, para Nercellas "advírtese que a situación de conservación da especie continúa baixo un grao de ameaza certo e elevado". Medio Ambiente indica que desde 2008 se realizaron 44 "acciones de caza" con un resultado de 12 ejemplares muertos. Para Adega la cifra es muy superior: la organización ecologista estima que entre 2011 y 2012 se abatieron "legalmente" entre 25 y 30 ejemplares.

La alarma que generan los ataques de lobos, con las consecuentes presiones para autorizar batidas, no se correspondería con el impacto económico real de los daños. Según apunta Nercellas, la Xunta estima las pérdidas en torno a los 106.000 euros en 2014, mientras que los sindicatos agrarios las elevan a 500.000. Estas cifras puestas sobre la producción ganadera total -que en 2012 ascendió a 1.471 millones de euros- supondrían tan solo un 0,03% de su valor. Añade el biólogo que las pérdidas ocasionadas por enfermedades como la lengua azul, la peste porcina o la tuberculosis son mucho mayores. "¿Por que tanta inquina con esta especie?", se pregunta. Parte de la respuesta está en el prácticamente nulo desarrollo y parcial aplicación del Plan de Xestión do Lobo aprobado en 2008. Tanto el biólogo como Adega lo califican de "rotundo fracaso", básicamente porque no ha logrado obtener un nivel de información actualizado de la población de cánidos ni su viabilidad. Incluso desde la propia consellería reconocen que "é probable que, unha vez actualizados os censos, sexa o momento de revisar o plan de xestión". Los ecologistas insisten en que una de las consecuencias más graves de la falta de cumplimiento del plan es que "a percepción negativa sobre o lobo non mudou".

Esta regulación tenía por principales cometidos establecer medidas que permitiesen mantener una población estable de lobos y minimizar la conflictividad con el sector ganadero. Para ello se habilitaron unas líneas de ayuda destinadas a la prevención de ataques, como adquirir mastines, pastores eléctricos o cercados, así como subvenciones por los daños ocasionados por el depredador en los rebaños. "A resposta da administración é tardía, con moito retraso nas indemnizacións e cunha contía nunca satisfactoria", sentencia el biólogo. Estos factores provocan la crispación entre los ganaderos que ante la tardanza de las ayudas ven más fácil cortar el problema de raíz: cazar al lobo.

Adega ha denunciado en múltiples ocasiones las batidas ilegales, los envenenamientos, los atropellos y el uso de trampas como el lazo, especialmente en la Costa da Morte. Medio Ambiente contabiliza desde 2010 un total de 14 ejemplares muertos por causas no naturales (excluyendo las batidas autorizadas). Martiño Nercellas alega que no tienen datos a este respecto pero sospecha que "a cifra de lobos que morren anualmente de forma descoñecida é moito máis importante que os que se capturan con autorización". En 2012 la formación ecologista localizó 25 lazos en el Barbanza que denunció ante la Fiscalía.

¿Cuáles son las sanciones? Las cacerías sin permiso constituyen una infracción grave penada con multas de entre 601 y 6.000 euros; el uso de lazos u otros instrumentos está catalogado como infracción muy grave y suponen una sanción entre 6.001 y 30.000 euros. En ambos casos se incluye la retirada de la licencia y la inhabilitación para obtenerla hasta 5 años.

Los ecologistas se mantienen a la expectiva ante los datos de los nuevos censos, que pondrán fin a las especulaciones entre dos corrientes bien distintas: la optimista, que espera un notable incremento de la población, y la pesimista, que teme unos datos al borde de la extinción.

En los próximos meses se despejará la incógnita de si el lobo ibérico en Galicia se ha valido de su increíble espíritu de adaptación y supervivencia, o si su memoria tan solo se transmitirá a través de los cientos de leyendas que protagoniza, como si de un animal mitológico se tratase.

Un superviviente en continua lucha

Pese al retrato popular de una bestia feroz, el lobo es un animal muy desconfiado y astuto, cualidades que le han valido la supervivencia hasta nuestros días pese a todas las circunstancias en su contra: escasez de alimento, reducción de su territorio, caza... Pese a la gran fama de los ejemplares solitarios, es un animal que vive en comunidad. Se organizan en manadas que pueden llegar a los 6 o 7 integrantes liderados por un macho y una hembra alfas, la pareja reproductora, que dirigirán el grupo durante años. Alrededor pueden orbitar "lobos solitarios", viejos o enfermos, con los que mantienen poca interacción. Sus comunidades tienen una fuerte jerarquía y en ellas se transmiten valores para la crianza y la caza. Por ello, cuando un ejemplar adulto es abatido sin control, se corre el riesgo de desestructurar las manadas, ya que podría tratarse del macho alfa. Así describe al lobo Juanjo Vázquez, conservador de VigoZoo.

 

FUENTE: FARO DE VIGO